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El rio Paraguay separa dos regiones contrastantes: la primera denominada Oriental regada por múltiples ríos y arroyos con bellos saltos de agua en su curso, lagos y lagunas, densos bosques subtropicales y serranías de suave ondulación, en tanto que la Occidental, en gran parte, es una inmensa planicie con extensos palmares y una vegetación compuesta por especies vegetales de baja altura pero de recia madera.

El Paraguay tiene un patrimonio ambiental con grandes contrastes; los extensos campos y humedales de la zona sur del país, el bosque atlántico en el oriente del territorio, los bosques xerófilos de Boquerón y las serranías de Ybytyruzú y de los Altos. Comparten un país, relativamente, pequeño cinco ecosistemas:el Pantanal del Alto Chaco, El Chaco Árido, el Bosque Atlántico, el Cerrado y las Sábanas de la Mesopotamia.

En el marco de ese extraordinario ámbito natural se desarrolla una riquísima fauna y flora. En los últimos decenios, para su protección y conservación, se establecieron áreas silvestres tales como el Refugio Biológico Tatí Yupí, las Reservas Biológicas de Itabó y Limoy, el refugio faunístico Atinguy y el de Vida Silvestre Yabebyry; las Reservas Naturales como la del boque Mbaracayú, y los Parques Nacionales de Ybycuí, Serranía San Luis, Cerro Corá, Defensores del Chaco e Ybytyruzú, donde pueden apreciarse esa fauna y flora en su ambiente natural.

Todo este bello escenario invita no solamente al relax o a la observación de una naturaleza pródiga, sino también para los amantes de los deportes, especialmente jóvenes, ofrece excelentes condiciones para la práctica del ciclismo, el senderismo, el rappeling, el cascading o el turismo de aventura en la cordillera del Mbaracayú o en las cuevas de Vallemí. Para quienes gustan de actividades más pasivas, es amplia la gama de posibilidades para la pesca deportiva o la práctica de golf en campos reglamentarios y con cómodas instalaciones, existentes en diferentes puntos del territorio paraguayo.

Un atractivo especial ofrece la navegación, principalmente por el río Paraguay, que resultará en placenteros cruceros en amplias y confortables embarcaciones o en pequeños yates o pintorescas lanchas, que brinda la oportunidad de apreciar en toda su magnitud la belleza del litoral ribereño.

En los últimos años se sumaron las modalidades de la observación de aves por las que pueden apreciarse en su ámbito natural a las aproximadamente 700 especies catalogadas, varias de ellas eminentemente autóctonas y del turismo de estancia que permite compartir las actividades cotidianas del ámbito rural, las cabalgatas, rodeos, esquilas de ovejas así como paseos en carretas y sulky o la simple caminata por senderos bordeados de cuidadas arboledas.

El turismo en el Paraguay no pueda estar desligado de su pasado histórico con recuerdos vivos como son los descendientes de los pobladores originarios de su territorio, los guaraníes, cuyo ámbito y forma de vida puede apreciarse aún en un recorrido por una comunidad indígena; o una visita a la importante expresión de su pasado colonial, las Misiones Jesuíticas cuyas reducciones de Trinidad y Jesús fueron declaradas Patrimonio Universal de la Humanidad por la UNESCO, las que además de haber sido una interesante experiencia evangelizadora, social y económica, sus enclaves albergan verdaderas joyas del arte barroco hispanoamericano o a los sitios de las grandes gestas históricas de un pueblo pleno de valor y honor, como el emplazamiento de la fundición de hierro La Rosada o Vapor Cué, sitio en el Departamento de Cordilleras donde yacen las últimas embarcaciones de la Guerra de la Triple Alianza o los monumentos-fortines en el Chaco paraguayo.

Un factor importante para el turista es una excelente gastronomía y una estancia placentera y atención amable. Junto a la gastronomía paraguaya tradicional, que es una combinación de deliciosos platos cuyos ingredientes básicos son la carne, el maíz y la mandioca, se suma un excelente servicio de comida internacional, que consigue satisfacer el gusto de los más exigentes.

En cuanto a la hotelería, a los tradicionales se han incorporado en los últimos años varios hoteles pertenecientes a cadenas internacionales. Todos ellos ofrecen la comodidad y un excelente servicio, con el agregado de un entorno con la plenitud de una naturaleza exuberante.

A las fiestas populares que tienen lugar a lo largo de todo el año en todos los pueblos y ciudades, combinación de solemnes actos religiosos y procesiones, con lo profano: corridas de toros, competencias ecuestres; a los que agregan para los noctámbulos los atractivos de la ciudad en las discotecas, casinos, bares, cafés y restaurantes; las actuaciones de ballet y conjuntos folklóricos y los conciertos musicales con intérpretes y cantautores internacionales de primer nivel.

Al Paraguay se lo lleva no solamente en la memoria sino también en expresiones de la cultura popular como son los objetos de su artesanía en cueros, los tejidos de ñandutí y ao poí, delicados bordados con hilos de algodón, las filigranas de la primorosa orfebrería luqueña, sus artículos de cerámica mestiza y del arte plumario de los aborígenes, de vistoso colorido, representativos de la magia de antiguos rituales.

Visitar el Paraguay será una grata experiencia para todos los sentidos y para la renovación del espíritu pues permite el contacto con un pueblo amistoso y hospitalario, cuya actitud hacia el visitante se resume en una canción popular, testimonio de un sincero sentimiento: “Bienvenido hermano extranjero”.

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